Como todos sabemos, los remates son la instancia más difundida y promocionada para adquirir reproductores. Empezando por la Exposición de Palermo y continuando por los cientos de remates realizados por sociedades rurales, asociaciones de razas, cabañas y firmas rematadoras.

La mayoría de las cabañas del país tienen un calendario predeterminado de remates en los que participan anualmente y comienzan la preparación de los reproductores meses o, incluso, años antes. Es un evento muy esperado.

La teoría económica ha estudiado de cerca la herramienta de negociación de la subasta o remates de este tipo.

Y sucede que, como resultado, hay una persona que se lleva el trofeo máximo al mayor precio. Es en ese mismo momento, en que el ganador comienza o debería comenzar a preguntarse qué vio él en ese animal que no vio todo el resto de los oferentes. De allí, que ganar la compulsa puede convertirse en una maldición, desde el punto de vista económico o productivo.

Por lo general, es un momento de gran satisfacción, aplausos y felicitaciones. Pero ¿debería serlo?

¿Por qué él estuvo dispuesto a pagar un precio que ningún otro productor quiso convalidar?

La respuesta dependerá de la motivación que tuvo el ganador (comprador) al ofrecer la suma máxima. Si el o los reproductores comprados agregarán a su planteo ganadero un valor futuro que amortizará esa inversión, entonces es una decisión acertada. Curiosamente, es muy infrecuente encontrarse con ese tipo de análisis en la mayoría de los remates.

Ante la duda, y siempre que se pueda, es una buena alternativa la compra “a campo” donde, además, uno tiene la posibilidad de ver una “comunidad” o “población” de animales y no sólo un individuo determinado.

Animo!