El mejor en todo… ¿Es posible?

En la promoción de las razas y las cabañas es muy frecuente encontrarse con la descripción de los atributos de los animales.

Así, podemos encontrar que un toro es rústico, precoz, con altos índices de crecimiento, con facilidad de parto, de bajo peso al nacer, con altas medidas de carcaza. Todo esto, a la vez que es moderado, funcional, productivo, tal como lo demandan las crecientes exigencias de los productores.

A poco de profundizar en la implicancia de los atributos descriptos individualmente, es notable cómo muchos de ellos son contradictorios. Por ejemplo, será difícil encontrar un toro de bajo peso al nacer y que, a su vez, tenga altos índices de crecimiento. Detengámonos un momento a analizarlo.

Si un animal posee un atributo diferencial en su capacidad de crecimiento, lo tendrá desde el mismo momento de la gestación. Por tanto, es de esperar que ese animal con alto crecimiento logre un peso al nacer mayor al de sus pares en el rodeo.

Es claramente un contrasentido imaginar que un animal se mantiene por debajo de la media de la raza o de la cabaña durante la gestación y luego -como un atleta en una carrera de 100 m- acelera su ritmo y llega primero a la meta. En igualdad de condiciones nutricionales, es muy improbable que ello pueda suceder.

Esto es sólo un ejemplo de las inconsistencias que muchas veces enfrenta la decisión de incorporar determinada genética (en función de?) los objetivos que tenemos en nuestro rodeo.

Enstein decía que “el hombre se caracteriza perfección de los medios y la confusión de los objetivos”.

Entonces, compramos un toro muy destacado en sus índices productivos pero que pesa 800 kg a los 24 meses de vida. Sin duda, para lograrlos, recibió una alimentación con alta suplementación o confinado con granos o balanceados directamente.

Y así es como tenemos mucha expectativa e ilusión de lograr una mejora genética sobre nuestras vacas, ya adaptadas a nuestros pastos, suelos, manejo y medio ambiente.

Eso no será así. No importa la motivación que nos llevó a esa decisión, equivocamos el camino. Estamos “desacoplando” la genética (biotipo) en su adaptación al medio ambiente.

En LA ADELA, más del 90% de nuestras ventas anuales las hacemos “a campo”. De manera directa o con la participación de consignatarios. Pero a campo.

Ello tiene dos aspectos positivos centrales:
– Entablamos una relación personal con nuestros clientes. Nos vemos las caras.
– El comprador puede ver el medio, los pastos y las condiciones en que nacieron y se desarrollaron esos animales y cuán parecido o distinto puede resultarle respecto de su campo.

Las diferentes razas y, dentro de las razas, los distintos biotipos son una herramienta fundamental para poder acercarnos a los objetivos productivos que nos propongamos. O también para alejarnos de forma alarmante.

Por ello, antes de incorporar cualquier tipo de genética, debemos tener claro cuál o cuáles son los atributos deseados.

Los errores en este tipo de decisiones persistirán en nuestro rodeo a lo largo de muchos años y afectarán considerablemente nuestros índices productivos.

Por último, y respondiendo a la pregunta inicial, la respuesta es NO.

¡Ánimo! Y paciencia.